Si pensabais que ya habíamos vivido de todo... esperad a leer lo que nos ha pasado estos últimos días
Si algo hemos aprendido estos días es que aquí no hay tiempo para aburrirse. Cuando parece que una semana ha terminado... ya estamos metidos de lleno en la siguiente, con nuevas excursiones, actividades y un montón de recuerdos que seguimos guardando para siempre. Lo mejor de todo es ver cómo el grupo está cada vez más unido. Las caras que el primer día apenas se conocían ahora comparten risas, bromas y conversaciones como si llevaran juntos muchísimo más tiempo.
El jueves comenzó como cualquier otro día entre semana: autobús, clases de inglés y muchas ganas de seguir aprendiendo. Poco a poco nos vamos soltando cada vez más con el idioma y ya no cuesta tanto lanzarse a hablar con profesores, familias o incluso con la gente que nos encontramos por la calle.
Pero todos sabíamos que lo mejor estaba por llegar.
Al terminar las clases nos esperaba una tarde dedicada por completo al deporte. El fútbol fue el auténtico protagonista del día y, viendo las ganas que le pusieron, creemos que más de uno podría pedir una prueba en algún equipo irlandés. Hubo partidos muy igualados, jugadas dignas de repetición y otras... que mejor se quedan en el recuerdo de quienes las vivieron.
Además del fútbol, también nos animamos con una buena sesión de sokatira donde quedó claro que la fuerza está muy bien, pero el trabajo en equipo lo es todavía más. Entre risas, estrategias para despistar al rival y algún que otro resbalón, lo pasamos en grande. Para terminar la tarde nos estrenamos también con un partido de béisbol, un deporte que para muchos era completamente nuevo, pero al que todos se lanzaron con muchísimas ganas. Lo importante no era quién ganaba, sino disfrutar juntos... aunque, siendo sinceros, siempre hay alguno que lleva la competición en la sangre.

El viernes repetimos uno de los planes estrella del viaje... ¡bolos! Y sí, si pensabais que después de la primera vez ya habían enseñado todo su lado competitivo... estabais muy equivocados. Hubo celebraciones por todo lo alto, piques entre amigos y hasta quien aseguraba que esta vez sí había perfeccionado su técnica. Está claro que les gustó tanto la primera experiencia que... ¡no nos quedó otra que repetir!
Después de los bolos llegó uno de los momentos que muchos llevaban esperando desde que nos subimos al autobús por la mañana: un rato libre en el centro comercial. Paseos entre tiendas, alguna compra "totalmente necesaria" (eso dicen ellos), algún caprichito para merendar y muchas conversaciones disfrutando del tiempo con el grupo antes de regresar a nuestros pueblos para pasar la tarde con las familias de acogida.

Y entonces llegó nuestro segundo sábado en Irlanda.
Esta vez pusimos rumbo a Wexford, un pueblo con muchísimo encanto que nos conquistó desde el primer momento. Sus calles tranquilas, el ambiente tan acogedor y ese aire marinero hicieron que el paseo se nos pasara volando. Tuvimos tiempo para recorrer la ciudad a nuestro ritmo, descubrir rincones preciosos, hacer alguna compra más (seguimos pensando que las maletas de vuelta van a venir bastante más llenas de lo que llegaron) y disfrutar simplemente caminando con los amigos.
Pero todavía quedaba uno de los mejores planes del día.
Por la tarde nos desplazamos hasta Curracloe Beach, una playa considerada por Cathy como una de las más bonitas de toda Irlanda... y después de verla podemos decir que entendemos perfectamente por qué. Arena blanca, un paisaje espectacular y un día que acompañó muchísimo más de lo que esperábamos.
Como ya empieza a ser tradición, hubo dos grupos muy claros. Por un lado, los más valientes, que decidieron lanzarse al agua sin importar que el Atlántico siguiera estando... digamos... "bastante fresquito". Por otro, quienes prefirieron un plan mucho más relajado: cartas, conversaciones, juegos en la arena y muchas risas mientras disfrutábamos del paisaje. Cada uno encontró su forma perfecta de pasar la tarde, pero todos coincidimos en una cosa: fue uno de esos días que cuesta olvidar.

Y, casi sin darnos cuenta, llegó de nuevo el domingo y con él nuestro esperado Family Day.
Después de tantos días sin parar, vino genial bajar un poco el ritmo y dedicar toda la jornada a nuestras familias irlandesas. Algunos aprovecharon para visitar nuevos lugares, otros salieron a pasear o compartieron planes tranquilos en casa, y muchos simplemente disfrutaron de esas pequeñas conversaciones que hacen que cada vez nos sintamos un poquito más parte de la familia. Además de descansar, estos días nos ayudan a conocer mejor la cultura irlandesa y a seguir practicando inglés en un ambiente mucho más cercano.
Cada día que pasa nos damos cuenta de lo rápido que está transcurriendo esta experiencia. Las rutinas ya forman parte de nosotros, las amistades no dejan de crecer y cada actividad nos regala nuevas anécdotas que, estamos seguros, recordaremos durante muchísimo tiempo.

Seguimos viviendo esta aventura TODOS JUNTOS, disfrutando de cada momento y aprovechando al máximo todo lo que Irlanda nos está regalando. Y aunque ya vamos tachando días del calendario, todavía nos quedan muchas experiencias por vivir. Así que... como siempre... ¡estaos muy atentos!
