Despedida Nueva York 2025

Queridos, este blog sí que me cuesta escribirlo...

¡Yerrrr a todos y a todas!

Ahora sí que sí, hemos llegado al final de esta aventura. Vaya semanas intensas, ¿eh? Siento que hace nada estábamos cruzando las puertas de Fordham con maletas más grandes que nosotros y el cuello libre… porque eso de llevar el lanyard colgado parecía opcional (aunque no lo era). Alguna lo perdió por el puente de Brooklyn, otras se lo dejaban dentro de la habitación (¿Cinco personas de la misma? Aunque parezca una broma, así fue), y hasta tuvimos que llamar a seguridad para poder entrar. Pero bueno, cosas que pasan cuando viajas con gente tan linda como despistada.

Han sido casi tres semanas compartiendo comidas, excursiones, clases, TikToks, risas, fotinchis y también muchas siestas (las del metro ya son míticas).

Dos semanas en el cuarto piso de nuestro Campbell Hall, pasillo que voy a tener grabado para siempre, igual que la frase “10 minutos…5 minutos…Bajamos” o, la más repetida, “María, Naia, ¿despiertas?”. Porque sí, literalmente os he despertado cada día con la voz, los golpes en la puerta o las dos cosas a la vez (y en ocasiones no era suficiente). 

Las clases, que al principio parecían eso que había que “pasar para después disfrutar de la city, se convirtieron en momentos de aprendizaje real, con profes como Madison, Alexa, Danny y Ashli que os hacían hablar, debatir, inventaros situaciones y compartir ideas con estudiantes de un montón de países. No sabéis lo orgullosa que estaba de veros participar y usando cada vez más el inglés (algunos hasta el de la calle). 



 

En el campus hicimos vida: reparto de vouchers por la noche, sports night, macros, noches en la common room con los italianos, juegos (Jenga, Quién es quién, etc) y los “Siempre nos pillas a punto de empezar una partida” cuando llegaba la hora de irse a dormir. Y yo, feliz, porque en realidad no había mejor forma de terminar el día que así: juntos.

Y qué decir de nuestras excursiones. Desde las luces infinitas de Times Square hasta las vistas desde el Empire State, desde los perritos de Nathan’s en Coney Island hasta la experiencia única en el Yankee Stadium, desde las alturas del Summit hasta el ferry rumbo a la Statue of Liberty, desde la historia del 9/11 Memorial Museum hasta las fotos con el Charging Bull. No sé si os hacéis a la idea, pero habéis estado en más sitios de los que muchos pisan en toda una vida. Y encima lo habéis hecho riendo, sudando (la mayoría del tiempo, es lo que tiene la humedad), comiendo cookies (demasiadas, quizás), pizza, burgers (y comida saludable también, no os preocupéis familias), con el lema “sin nada, pero en NY” siempre en mente y con una monitora siempre al fondo haciendo de coche escoba (porque a veces hasta tortugas nos adelantarían), pero eso sí, con estilazo y buena charla, siempre.




 

Me habéis hecho reír, preocuparme como una madre, sacar fotos sin parar, adelantar las horas de quedada 15 minutos porque ya sabía que la puntualidad no era vuestro fuerte, y emocionarme más de una vez cuando os veía compartiendo un momento que sé que no olvidaréis. Me habéis dado mucho más de lo que creéis, de verdad. 

Gracias por dejaros llevar, por dar lo mejor de vosotros y por ser parte de este grupo que ya no se me va a olvidar. Gracias también por la despedida en el aeropuerto que, aunque no me guste mucho decir adiós, confirma que algo muy bonito hemos compartido.

Queridos, nos vamos. Pero nos llevamos con nosotros recuerdos, cientos de fotos y personas con las que ahora os une algo que sólo vosotros entendéis.

¡Milesker de corazón, y espero veros las caritas de nuevo más pronto que tarde! 

Irene



 

 

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