Y así, casi sin darnos cuenta, ha llegado el momento de cerrar esta etapa tan especial. Nuestro viaje a Irlanda llega a su fin, y con él, nos llevamos una maleta cargada de experiencias, emociones y recuerdos inolvidables.
Durante estas semanas, hemos vivido mucho más que una estancia en el extranjero. Hemos compartido risas, miedos superados, nuevos aprendizajes y amistades que han ido creciendo día a día. Desde el primer paso en Dublín hasta las últimas excursiones en grupo, cada momento ha dejado una huella.
Exploramos ciudades llenas de historia como Dublín y Galway, donde aprendimos sobre la emigración, la música, el arte y la cultura irlandesa. Nos dejamos sorprender por parques, museos, calles animadas y también por la calidez de su gente.
Nos enfrentamos a retos en plena naturaleza: trepamos entre árboles, jugamos en el barro, remamos en lagos, corrimos por bosques, y sobre todo, nos divertimos muchísimo. Nos reímos, nos manchamos, nos ayudamos y, en cada actividad, descubrimos lo que somos capaces de hacer cuando estamos juntos. Todo esto, entre risas y frases tipo “¡esto hay que repetirlo!”.
También hubo momentos más tranquilos: caminatas por el río Liffey, paseos por tiendas en Athlone o el centro de Dundrum, bailes tradicionales irlandeses… y hasta les enseñamos nosotros algunos vascos. Cada intercambio cultural fue una pequeña celebración de lo que nos une a pesar de las diferencias.
La convivencia con las familias anfitrionas ha sido una parte fundamental de esta experiencia. Nos han acogido con cariño desde el primer momento y nos han hecho sentir como en casa. Adaptarse a una nueva rutina, comunicarse en otro idioma y compartir su día a día ha sido una oportunidad única. Gracias a ello, no solo hemos practicado inglés, sino que también hemos aprendido muchísimo sobre la vida en Irlanda y sobre nosotros mismos.
Ahora que el viaje termina, podemos decir que hemos vivido aventuras impresionantes: recorridos por ciudades llenas de historia, actividades al aire libre, retos superados en grupo y momentos que nos sacaron más de una risa. Lo mejor de todo ha sido compartirlo juntos. Durante estas semanas hemos conocido mejor a nuestros compañeros y hemos creado amistades que, con toda seguridad, seguirán más allá de esta experiencia.
Slán go fóill, Irlanda… y hasta pronto.
Nos llevamos un trocito de ti en el corazón.