Hello again! Ya estamos en casa, procesando todo lo que hemos vivido mientras intentamos volver a la rutina. Antes de cerrar esta aventura con el último post, toca repasar estos últimos días que, sinceramente, han sido un regalo.
11 de julio: Statue of Liberty y Roosevelt Island
Después del trote que llevábamos, se agradeció poder desayunar sin prisas. A las 10:00 ya estábamos en O’Hare listos para poner rumbo al Staten Island Ferry. No os vamos a engañar: nos cayó una lluvia de esas que te calan hasta los huesos, pero nos pusimos en modo película y decidimos romantizar el momento bajo el agua. Cuando paró, recargamos pilas con los famosos bagels de Liberty y los Tacos N1, que han sido todo un descubrimiento.
Con el cielo despejándose, aprovechamos para subirnos a la Astoria Line del NYC Ferry. ¡Menudo recorrido! Mientras navegamos, vimos a lo lejos el icónico cartel de neón rojo de Pepsi-Cola en Long Island City, y vivimos esa sensación impactante de pasar justo por debajo del puente de Manhattan. Una vez en Roosevelt Island, no lo dudamos: nos lanzamos al Roosevelt Island Tram y conseguimos el mejor sitio, justo en primera fila, para alucinar con las vistas aéreas del Midtown mientras sobrevolábamos el East River. Tras movernos por el metro como si lleváramos viviendo aquí toda la vida, terminamos el día en el campus.

12 de julio: Central Park
Dejamos las prisas atrás y nos fuimos a recorrer el pulmón verde de la ciudad: Central Park. Paseamos por Sheep Meadow, nos sentamos en Bethesda Terrace, visitamos el famoso mosaico de Imagine y terminamos contemplando el Belvedere Castle. Después de comer, cada uno fue a su aire: hubo quien se fue al MET a disfrutar del Templo de Dendur, las pinturas europeas con obras de Vincent van Gogh y Claude Monet, la expo de la Gala Met o la famosa escultura de Perseo con la cabeza de Medusa, entre otras muchas cosas, pero otros prefirieron tumbarse a descansar en el césped, montar su partidito de fútbol en el parque o simplemente pasear por la zona.
Para terminar el día, pasamos por Bryant Park, que es un remanso de paz en medio de tanto rascacielos. Después, el Summit. El Summit no es el típico mirador, está a otro nivel. Empezamos con un vídeo sobre su construcción y entramos en la sala Air, una experiencia de espejos donde no sabes dónde acaba el techo. Después pasamos por las salas de esculturas y terminamos en la de las bolas plateadas, donde si no nos tiramos todas las bolas entre nosotros no nos tiramos ninguna. Lo que más nos impactó fueron los Levitation (esos cubos de cristal que sobresalen del edificio) y el atardecer. Es difícil explicar cómo el sol se esconde tras los rascacielos tiñendo todo de naranja, fue uno de esos momentos que se quedan grabados.

13 de julio: Chinatown, Little Italy, SoHo
Hoy dedicamos el día a explorar el alma de la ciudad: Chinatown, con sus mercados llenos de productos curiosos y tiendas de souvenirs; Little Italy, donde el ambiente es puro cine, y, por supuesto, el Soho. Este último es el paraíso de las compras. Nos perdimos por sus calles visitando tiendas como Sephora para los beauty lovers, Mure and Grand para encontrar detalles únicos y muchas otras. Además, no pudimos resistirnos a comprar unas cuantas cajas de Crumbl Cookies para llevárselas a familia y amigos (si es que logramos que lleguen sin que nos las comamos nosotros antes o sin que se conviertan en pudding). La noche tuvo sabor a victoria gracias al partido de nuestros chicos contra el equipo italiano, y entre charlas, episodios de Bob Esponja y una gaupasa, celebramos todo lo vivido durante estas dos semanas.

14 de julio: Vuelta a casa
Nuestro último día empezó temprano. A las 8:30 hicimos el checkout, entregamos las llaves y disfrutamos de un brunch antes de irnos. Aprovechamos para estar un rato al sol en el jardín de Fordham antes de poner rumbo a O’Hare para coger el autobús al aeropuerto. Allí nos despedimos de Naroa, que se quedaba unos días más en la city, quién pudiera…
Ya en el aeropuerto, facturamos las maletas (¡alguien batió el récord con 26,4 kg!), pasamos el control y vimos el partido España-Francia en pantalla. Cuando embarcamos, el comandante nos informó de la victoria; ¡a la final! El vuelo fue un lujo: éramos poca gente, así que pudimos dormir en 4 asientos en horizontal, tuvimos que escoger entre pasta o pollo una vez más, vimos pelis y charlamos mucho. En Madrid despedimos a Mario y a Naia, y finalmente llegamos a Bilbao, donde nuestras familias nos esperaban en el mítico escaparate frente a las cintas de maletas. Aunque estábamos algo adormilados por las horas, fue un momento muy especial, no queríamos separarnos.

Ya estamos en casa, recuperando energías y con el corazón en nuestro querido NuevaYol. Esto no termina aquí, nos leemos en el blog de despedida. See you soon!
Irene
