¡Hola de nuevo, familias!
Vengo a contaros el final de nuestra gran aventura por una Irlanda sorprendentemente soleada y calurosa (sí, nosotros tampoco nos lo creíamos). Es una pena que, después de haber hecho tantas amistades, conocer la ciudad como si lleváramos allí media vida y haber cogido tanta confianza entre todos, esto llegue a su fin. Aunque, siendo sinceros, el viaje continúa desde casa, porque ya se están organizando los primeros planes y reencuentros.
Jueves – Una clase de zumba improvisada, una discoteca accidentada y muchas risas
Este fue nuestro último día completo de clases, ya que el viernes nos esperaba la graduación. Nuestros emys siguieron con su rutina habitual: juegos, ejercicios del libro, conversaciones en inglés... y alguna que otra historia digna de recordar.
Por la tarde, los más artistas se apuntaron al taller de cerámica, mientras que los más deportistas repitieron con la escalada y el baloncesto. Si dentro de unos años veis aparecer al próximo Spider-Man o a una estrella de la NBA, ya sabréis dónde empezó todo.
Eso sí, la tarde nos tenía preparada una sorpresa. La monitora de zumba no pudo venir, pero eso no iba a detener a nuestros emys. Improvisamos una clase en un aula de la universidad y acabamos bailando igual de felices. Porque, si algo hemos aprendido estas dos semanas, es que con ganas cualquier sitio sirve de pista de baile.
Y hablando de bailar... por la noche llegaba una de las actividades favoritas de cualquier emy: la discoteca. Pero los problemas técnicos seguían empeñados en acompañarnos y el altavoz de nuestro querido DJ John decidió jubilarse antes de tiempo. Entre los group leaders y los activity leaders conseguimos salvar la noche como pudimos y terminamos bailando desde éxitos internacionales hasta un improvisado Zazpi Jauzi. Si no hay altavoz, se pone más entusiasmo. Así funcionan estas cosas.

Viernes – Graduación, polis y cacos y pulseras de la amistad
Nuestros emys son unos auténticos txapeldunas y recibieron su diploma de Apollo tras completar las clases. Puede parecer la parte menos emocionante del viaje, pero al final uno acaba cogiendo muchísimo cariño tanto a los profesores como a los compañeros. Además, muchas de las mejores anécdotas nacen precisamente entre pupitres.
Por la tarde llegó el turno del taller de pulseras. Habrá más de un afortunado que reciba una en los próximos días... y quien no reciba pulsera, al menos tendrá un buen abrazo.
Después bajamos por última vez al centro deportivo para despedirnos definitivamente de él. Allí hemos hecho deporte, sí, pero sobre todo nos hemos reído, nos hemos caído (algunos con bastante estilo) y hemos creado recuerdos que nos acompañarán mucho tiempo.
Por la noche teníamos un gran dilema: ver el partido de la selección española o ir a Fitzgerald Park a jugar. Finalmente ganó la segunda opción y acabamos jugando al tan mítico juego de polis y cacos. Fue tan divertido que conseguimos convencer incluso a los monitores para unirse.

Sábado – Kilkenny, aventuras y un Talent Show de altura
El sábado nos esperaba la excursión a Kilkenny, aunque antes hicimos parada en el Castlecomer Discovery Park. Allí nos enfrentamos a un circuito entre los árboles y a la tirolina más larga de Irlanda. Había nervios, había algo de miedo... pero, sobre todo, había muchas ganas de disfrutar. Y eso siempre gana.
Después nos dividimos por equipos para realizar una ruta de orientación. Solo os diré que algunos llegaron tarde al punto de encuentro. No hace falta añadir mucho más: el sentido de la orientación no será una habilidad que destaque entre nosotros.
Ya en Kilkenny disfrutamos de una hora libre para pasear, comer y recuperar fuerzas. El calor apretaba y nuestros estómagos llevaban rato reclamando atención.
Por la noche llegó el esperado Talent Show.
Nuestras chicas hicieron una preciosa exhibición de euskal dantzak y... ¡consiguieron un segundo puesto! Estamos orgullosisimos de ellas.
También disfrutamos de las sorprendentes habilidades geográficas de nuestros compañeros ucranianos, de un divertido sketch ucraniano-español y, cómo no, de la actuación sorpresa de los group leaders y monitores. Si queréis echaros unas buenas risas, pedidles los vídeos. No tienen desperdicio...

Domingo – Toca volver, pero nos llevamos mucho más de lo que trajimos
El domingo quedamos a las 9:00 para despedirnos de nuestra querida residencia. Ya no habría más paseos al Centra, ni reuniones debajo del bloque para ir todos juntos a cenar, ni carreras de última hora porque alguien se había dejado la sudadera.
Maletas cerradas (más o menos), packed lunches preparados y llegó el momento más difícil: despedirse. Las amistades que hemos creado seguirán ahí, pero pasar de convivir durante dos semanas a volver cada uno a su rutina siempre cuesta un poquito.
La vuelta fue perfecta. Fuimos al aeropuerto de Cork y, al ser tan pequeño, todo resultó rápido y sencillo. Llegamos a Bilbao a la hora de comer y allí estabais esperándonos, recibiendonos con los brazos abiertos... y seguramente preparados para poner la primera lavadora de emergencia, porque las maletas venían cargadas de ropa sucia, pero también de recuerdos que pesan mucho más y llenan el corazón.

Esto todavía no termina. Aún me queda despedirme oficialmente, pero quería cerrar este penúltimo capítulo dando las gracias a mi equipo.
Vuestros hijos e hijas han sido maravillosos. Han participado en todo, se han cuidado entre ellos, han hecho amistades increíbles y han convertido estas dos semanas en uno de esos recuerdos que se guardan para siempre.
Nos vemos muy pronto en la despedida oficial. Hasta entonces, descansad mucho, disfrutad de la comida casera (que llevaba dos semanas ocupando el primer puesto en la lista de deseos de casi todos) y dejad que os cuenten todas las aventuras que hemos vivido en Irlanda.
Un abrazo enorme,
Cris
