Primeros días en Kiladare 2026

Hello families!

¡Ya estamos por tierras irlandesas! Parece mentira que hace apenas unos días estuviéramos despidiéndonos en casa con las maletas llenas de ropa (para todos los climas posibles) y un montón de ilusión. Ahora ya podemos decir que esta aventura ha empezado oficialmente… ¡y de qué manera!

Todo comenzó el 30 de junio, cuando dejamos atrás nuestras casas para poner rumbo a Irlanda. Tras llegar al aeropuerto, nos esperaba un viaje en autobús hasta los que serán nuestros hogares durante estas tres semanas: Clane, Maynooth, Prosperous y Straffan. Los nervios iban sentados con nosotros en el autobús, pero también las ganas de conocer a nuestras familias de acogida. Y la verdad es que el recibimiento no pudo ser mejor: sonrisas, primeras conversaciones en inglés y esa mezcla de emoción y curiosidad que hace que todo empiece a sentirse un poco como en casa.

Al día siguiente tocaba madrugar. Mochila al hombro, lunch pack preparado y rumbo al colegio para empezar a conocernos un poquito más. La mañana arrancó con un pequeño examen de inglés (sin presión... o eso nos dijeron) y continuó con un montón de actividades para romper el hielo. Hubo fútbol, juegos, dinámicas para aprendernos los nombres y muchas risas entre compañeros que, hasta hace muy poco, eran completos desconocidos. Poco a poco el grupo va cogiendo forma y ya empiezan a surgir las primeras amistades.

Después de un primer día intenso, todavía nos quedaban fuerzas para explorar un poco nuestros pueblos. Aprovechamos la tarde para pasear, descubrir las calles, localizar los supermercados (prioridades son prioridades) y empezar a familiarizarnos con el lugar donde viviremos estas semanas. So far, so good!

Y llegó el momento que algunos esperaban con ganas... ¡el primer día de clases! Aunque, siendo sinceros, no todas las caras reflejaban exactamente la misma ilusión por volver a estudiar. Entre alguna que otra cara de sueño y algún refunfuño, las clases comenzaron con muy buen ambiente y muchas ganas de aprender.

Pero si hubo un momento estrella del día, fue el plan de la tarde: shopping + bowling. Paseamos por el centro comercial, hicimos las primeras compras (algunas bastante necesarias y otras... simplemente irresistibles) y allí conocimos a quien ya se ha convertido en una más del grupo: Capi la Capibara. Intrépida, divertida, aventurera y, desde hoy, oficialmente irlandesa de adopción…estaos atentos a nuestras fotos, ¡por ahí la encontraréis!

Después llegó la competición en la bolera. Hubo auténticos profesionales... y otros que demostraron que lo suyo definitivamente no son los bolos. Pero lo importante fue pasar una tarde llena de risas, piques sanos y muy buen ambiente.

Con las pilas un poco más gastadas, volvimos en autobús a nuestros pueblos para cenar con las familias de acogida y dar un paseo antes de descansar.

Y cuando parecía que ya le habíamos cogido el ritmo a esto de vivir en Irlanda... llegó un nuevo día para seguir sumando experiencias.

Por la mañana tocó volver al colegio. Ya vamos cogiendo la rutina. Porque sí, hemos venido a pasarlo en grande, pero también a volver con unas cuantas palabras más en el vocabulario (y alguna expresión irlandesa que otra).

En el recreo llegó uno de los momentos más esperados por los futboleros: la entrega de premios del torneo de fútbol. Y como todo esfuerzo merece recompensa... ¡Los campeones se llevaron unas Coca-Colas bien fresquitas! No era una copa, pero casi hizo la misma ilusión.

Después de las clases comimos todos juntos en el comedor, donde las conversaciones giraban, cómo no, alrededor de la tarde anterior. Hubo quien seguía presumiendo de sus plenos en la bolera y quien prefería cambiar rápidamente de tema... ¡Lo importante es que las risas no faltaron!

Por la tarde nos esperaba un plan mucho más cultural. Visitamos la Universidad de Maynooth y su impresionante torre, descubriendo un poquito más de la historia de uno de los pueblos más bonitos de la zona. Entre edificios espectaculares, jardines que parecen sacados de una película y muchas curiosidades, seguimos comprobando que Irlanda nunca deja de sorprendernos.

Y como ya empieza a ser tradición, después del turismo llegó el momento favorito de muchos: un ratito libre para pasear por Maynooth, hacer alguna compra (que siempre cae algo) y seguir disfrutando del tiempo con los amigos que, en apenas unos días, ya parecen de toda la vida.

A las cinco de la tarde ya empezábamos a notar el cansancio acumulado, así que el autobús nos llevó de vuelta a nuestros pueblos. Tocaba cenar con las familias de acogida, compartir cómo había ido el día y terminar la jornada dando un paseo y tomando algo con el grupo antes de volver a casa.

Cada día conocemos un rincón nuevo, vivimos alguna anécdota que seguro recordaremos durante mucho tiempo y, sin darnos cuenta, estas tres semanas empiezan a pasar demasiado rápido.

¡Seguimos disfrutando al máximo de la aventura irlandesa!

 

ÚLTIMAS ENTRADAS DEL TEMA JÓVENES