Primer fin de semana en Malta 2026

 

¡Hola de nuevo desde Malta!

Si en los primeros días os contábamos que el grupo ya estaba empezando a hacer piña... ahora podemos confirmarlo: ya parecen una pequeña familia. Cada día están más unidos, ya tienen sus bromas internas, sus planes favoritos y hasta sus rutinas (sí, la piscina del hotel sigue siendo una parada obligatoria siempre que hay un rato libre).

Estos últimos días tampoco nos han dado tregua. Entre las clases de inglés, nuevas excursiones, playas, paseos y alguna que otra noche muy especial, seguimos descubriendo rincones de la isla mientras disfrutamos del ambientazo que se vive aquí.

Os dejamos por aquí un resumen de todo lo que hemos vivido estos días.

Jueves – Sol, chapuzones... y una noche muy futbolera

Después del madrugón de los primeros días de clase, el jueves ya empezaba a notarse que todos iban cogiendo la rutina. A las 8:45 comenzaron las clases de inglés y, aunque el despertador sigue costando un poquito, todos llegaron puntuales y con muchas ganas de seguir aprendiendo.

A las 12:00 terminaron las clases y, tras recoger nuestro packed lunch, nos dirigimos al Sliema Beach Club, uno de los planes que más ilusión hacía al grupo.

Aunque por el nombre pueda parecer una playa, en realidad se trata de una gran piscina natural de agua de mar situada junto a la costa. Había una piscina principal, dos más pequeñas para niños y hasta porterías para jugar dentro del agua.

No tardaron ni cinco minutos en organizar partidos improvisados, lanzarse al agua una y otra vez y empezar la ya tradicional búsqueda de caracolas. Otros prefirieron relajarse tomando el sol mientras disfrutaban del buen tiempo que estamos teniendo estos días en Malta. Con temperaturas rondando los 27-28 grados, la verdad es que costaba bastante salir del agua.

La tarde pasó volando.

Al terminar la actividad, algunos aprovecharon para hacer una pequeña parada y probar un delicioso açaí, mientras que otros se acercaron al supermercado para comprar agua, snacks o algún capricho para la habitación.

Ya de vuelta en el hotel, todavía hubo tiempo para un último chapuzón en la piscina de la azotea y para dar una vuelta por las tiendas de Sliema antes de bajar a cenar a las 18:00.

Pero la noche todavía nos guardaba un plan muy especial.

A las 20:00 nos acercamos a McDonald's y a una pizzería para coger la cena, ya que esa noche el colegio había organizado una quedada para ver juntos el partido España - Austria.

El ambiente fue espectacular. Españoles, italianos, austriacos, polacos y estudiantes de muchas otras nacionalidades compartieron una noche de fútbol llena de emoción, risas y muy buen ambiente. Fue uno de esos momentos que hacen especial esta experiencia, donde personas de diferentes países terminan disfrutando juntas de una misma pasión.

Sobre las 23:00 regresamos al hotel. Después de un día de playa, piscina, deporte y mucho fútbol, tocaba descansar... porque todavía quedaban muchas aventuras por delante.

 

Viernes – Cambio de planes, playa y descubriendo Birgu de noche

El viernes comenzó, una vez más, con desayuno y clases de inglés de 8:45 a 12:00. Ya se nota que el grupo está completamente adaptado a la rutina y cada mañana llegan a clase con mucha más confianza que los primeros días.

Al terminar las clases, recogimos el packed lunch y pusimos rumbo a la playa. En un principio, estaba previsto pasar la tarde en Riviera Bay, una de las playas más bonitas de Malta. Sin embargo, al llegar nos encontramos con la bandera roja, señal de que el mar no estaba en condiciones para bañarse. Como la seguridad siempre es lo primero, decidimos cambiar los planes y dejar la visita a Riviera Bay para la próxima semana, cuando las condiciones sean mejores.

Finalmente nos dirigimos a Pretty Bay, una playa de arena situada al sur de la isla, donde pudimos disfrutar de una tarde mucho más tranquila.

Como muchos todavía arrastraban alguna quemadura del sol del día anterior, nos facilitaron sombrillas para que todos pudieran resguardarse un poco del calor. Entre baños, juegos, conversaciones y algún que otro rato tomando el sol (con bastante más cuidado esta vez), la tarde pasó rapidísimo.

Algunos aprovecharon para acercarse a Starbucks y refrescarse con alguna bebida bien fría, mientras que otros optaron por descansar tanto... ¡que incluso cayó alguna siesta frente al mar!

Después regresamos al hotel para ducharnos, descansar un rato y prepararnos para la actividad de la noche.

A las 20:00 nos esperaba el Birgu Hunt, una gymkhana por equipos en la que, además de responder distintas preguntas, tenían que encontrar diferentes lugares de la ciudad y hacerse fotos en cada uno de ellos. Una forma muy divertida de descubrir Birgu, también conocida como Vittoriosa, una de las ciudades más antiguas e históricas de Malta.

 

 

Mientras recorríamos sus calles empedradas y su precioso paseo marítimo, muchos comentaban lo impresionante que era la cantidad de yates que había atracados en el puerto. De hecho, más de uno llegó a la conclusión de que parecía una zona "de gente rica"... ¡y no iban del todo desencaminados! Birgu destaca por su puerto deportivo, donde suelen atracar embarcaciones de lujo, además de por su gran importancia histórica, ya que fue uno de los primeros asentamientos de los Caballeros de la Orden de San Juan.

La actividad fue todo un éxito. Entre pruebas, fotos y muchas risas, el grupo disfrutó muchísimo descubriendo la ciudad. Antes de regresar al hotel, algunos aprovecharon para comprar un helado o un granizado y terminar la noche de la mejor manera posible.

Sobre las 23:00 llegamos de nuevo al hotel. Después de un día lleno de playa, cambios de planes y una divertida gymkhana nocturna, tocaba descansar para seguir sumando experiencias al día siguiente.

 

Sábado – Blue Lagoon, aguas cristalinas y una noche de celebración

El sábado tocaba uno de los planes más esperados del viaje: ¡Blue Lagoon! Y, por suerte para ellos, ese día pudieron dormir un poquito más. Habíamos quedado a las 9:20 en la recepción del hotel para dirigirnos al puerto y coger el barco que nos llevaría hasta Comino, una de las islas más famosas de Malta.

El trayecto en barco ya fue toda una experiencia. Navegamos por la costa disfrutando de unas vistas espectaculares, aunque el mar estaba un poco movido y hubo algún que otro valiente al que el balanceo le jugó una mala pasada… Algunos terminaron mareándose e incluso hubo quien no pudo evitar vomitar. ¡Por suerte, todo quedó en una anécdota!

Durante el recorrido, el equipo de actividades de la escuela nos propuso una actividad opcional que prácticamente nadie quiso perderse: subir a un speedboat que recorría a toda velocidad algunas de las cuevas y calas escondidas de la isla. El grupo entero decidió apuntarse y fue, sin duda, uno de los momentos más divertidos del día. Entre la velocidad, las salpicaduras y las vistas desde el mar, todos bajaron con una sonrisa de oreja a oreja.

 

 

Al llegar a Comino, entendimos perfectamente por qué Blue Lagoon tiene tanta fama. El color del agua parecía sacado de una postal, completamente cristalino y con unos tonos turquesa impresionantes. Después de sacar las primeras fotos, dejamos las mochilas en el punto que nos indicó el staff y nos instalamos para pasar allí el resto del día.

Entre baño y baño llegó la hora de comer. Algunos optaron por perritos calientes, bocadillos o patatas, mientras que otros se animaron con una de las opciones más llamativas del lugar: un batido de piña servido dentro de una piña natural, que además de estar buenísimo... ¡era perfecto para las fotos!

Durante toda la tarde no faltaron los chapuzones. Algunos llevaron gafas de bucear y aprovecharon para hacer un poco de snorkel, descubriendo el fondo marino de una de las zonas más bonitas de Malta. Otros simplemente disfrutaron nadando, tomando el sol o relajándose junto al agua. Todos coincidieron en lo mismo: Blue Lagoon fue uno de los lugares que más les gustó desde que comenzó el viaje.

Sobre las 16:45 volvimos a coger el barco de regreso y llegamos a Sliema alrededor de las 18:30. Nada más llegar, bajamos a cenar para reponer fuerzas porque la noche todavía nos tenía preparada una sorpresa muy especial.

 

 

Ese día era el cumpleaños de Ander, así que organizamos una pool party en el rooftop del hotel para celebrarlo todos juntos. Hubo tarta, música, muchísimas risas y un ambiente increíble. Además, algunas chicas del otro grupo de EMY, con las que nuestros chicos ya habían hecho muy buena amistad, decidieron maquillar a los dos chicos del grupo para la fiesta, lo que provocó unas cuantas carcajadas y un montón de fotos para el recuerdo.

La piscina se llenó de hinchables, flotadores con forma de donut y estudiantes disfrutando de una noche diferente. Ver a todo el grupo reunido, cantando, riendo y celebrando juntos fue, sin duda, uno de esos momentos que hacen especial este tipo de viajes.

Y como broche final, mientras terminábamos la fiesta, pudimos contemplar desde la azotea los fuegos artificiales que iluminaban el cielo maltés. En verano es muy habitual que diferentes pueblos de la isla celebren sus tradicionales festas, unas fiestas patronales en las que nunca faltan los espectáculos pirotécnicos. Desde el rooftop del hotel tuvimos unas vistas privilegiadas y fue la manera perfecta de poner el broche final a un día que difícilmente olvidarán.

Después de una jornada tan completa, tocaba volver a las habitaciones para descansar... aunque después de un sábado así, costó bastante dejar de comentar todo lo que habíamos vivido.

 

Domingo – Playa, karaoke... ¡y mucho helado!

El domingo tocaba volver a disfrutar de la playa, aunque antes hubo tiempo para dormir un poquito más. A las 10:00 ya estábamos todos abajo preparados para empezar un nuevo día de excursión.

Nuestro destino fue Mellieħa Bay, una de las playas de arena más grandes y populares de Malta. Sus aguas tranquilas y poco profundas la convierten en un lugar perfecto para pasar el día, así que no tardaron mucho en repartir las toallas y lanzarse al agua.

Cada uno disfrutó de la mañana a su manera. Algunos no soltaron las cartas ni un momento y organizaron varias partidas bajo la sombrilla, mientras que otros estaban encantados estrenando sus gafas de bucear y explorando el fondo marino en busca de peces y conchas. Entre chapuzones, juegos, conversaciones y mucho sol, la mañana pasó casi sin darnos cuenta.

Después regresamos al hotel, donde tuvieron un rato de tiempo libre para descansar, darse un baño en la piscina o simplemente relajarse antes de la actividad de la noche.

Y llegó uno de los momentos más divertidos del viaje: la noche de karaoke.

Poco a poco fueron saliendo por grupos para interpretar distintas canciones y, aunque al principio daba un poco de vergüenza, enseguida el escenario se llenó de risas, aplausos y muchas ganas de pasarlo bien. El repertorio fue de lo más variado: desde La Macarena, pasando por La Motinha, hasta Beauty and the Beast. Y, como no podía ser de otra manera, tampoco faltó alguna canción en euskera, que fue recibida con muchísimos aplausos por parte de todos.

Después de darlo todo cantando, llegó la recompensa. Cada uno pudo elegir el sabor de helado que más le apetecía y disfrutarlo tranquilamente mientras comentaban las actuaciones de la noche y recordaban los momentos más graciosos del karaoke.

Con el helado terminado y muchas risas a las espaldas, regresamos al hotel para descansar. El viaje se acerca poco a poco a su final, pero las ganas de seguir aprovechando cada minuto siguen siendo las mismas que el primer día.

 

 

Lunes – Gymkhana internacional y una noche para recordar

El lunes comenzó con la rutina que ya tenemos completamente dominada. Después del desayuno, pusimos rumbo a la escuela para asistir a las clases de inglés. Como viene siendo habitual, todos llegaron puntuales y la mañana transcurrió con muy buen ambiente.

Al terminar las clases, recogimos el packed lunch y nos esperaba una nueva actividad, esta vez por las calles de Sliema. La escuela había preparado una gymkhana muy parecida a la que hicimos hace unos días en Birgu, aunque con una diferencia muy especial: los grupos estaban formados mezclando estudiantes españoles, italianos y polacos para que todos pudieran conocerse un poco más y practicar inglés de una forma divertida.

Durante el recorrido tuvieron que encontrar distintos lugares y objetos repartidos por toda la ciudad mientras iban haciéndose fotos para superar cada una de las pruebas. Algunas eran bastante curiosas y consiguieron sacar más de una carcajada, como tener que encontrar... ¡un macarrón! Sin duda, fue una actividad diferente que hizo que recorrieran Sliema de una forma muy divertida.

Al finalizar, todos los equipos enseñaron sus fotografías al staff de la escuela para comprobar que habían completado correctamente los retos. Y, por segunda gymkhana consecutiva... ¡el grupo de Lola volvió a proclamarse ganador! Parece que ya le han cogido el truco a estas competiciones.

De vuelta en el hotel disfrutaron de un rato de tiempo libre. Algunos aprovecharon para subir a la piscina del rooftop una vez más, mientras que otros prefirieron dar una vuelta por Sliema, entrar en Zara o comprar alguna cosilla de última hora antes de la actividad de la noche.

Y llegó uno de los momentos que más esperaban desde que aterrizamos en Malta: la fiesta en Número Uno, una de las discotecas más conocidas de la isla entre los estudiantes internacionales.

El ambiente era espectacular. Música, estudiantes de un montón de países y muchísimas ganas de pasarlo bien hicieron que fuese una noche muy especial para todos. Ver a nuestros chicos disfrutando junto a estudiantes italianos, polacos y de muchas otras nacionalidades fue la mejor forma de cerrar el día y de comprobar todo lo que han ido creciendo durante estas semanas.

Después de la fiesta regresamos al hotel y, como el partido todavía no había terminado, nos reunimos todos en el comedor para ver juntos los últimos minutos antes de irnos a dormir.

Sin duda, fue una de esas noches que seguro recordarán durante mucho tiempo, no solo por la fiesta, sino por todo lo que representa este viaje: hacer nuevos amigos, compartir experiencias y crear recuerdos que difícilmente se olvidan.

 

¡Nos leemos en la próxima!

Marta.

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