Hasta pronto, Malta
Bueno... ahora sí.
Parece mentira que hayan pasado ya dos semanas desde aquella madrugada en la que nos vimos por primera vez en el aeropuerto de Bilbao. Algunos llegasteis con cara de sueño, otros con muchísimos nervios y alguno incluso preguntándose si de verdad había sido buena idea apuntarse a esta aventura.
Hoy, sin embargo, nos vamos con una sensación completamente distinta.
Porque si algo nos llevamos de Malta no son solo las fotos, los souvenirs o los certificados de inglés. Nos llevamos una maleta llena de recuerdos, de amistades, de momentos que solo nosotros entenderemos y de esas anécdotas que, dentro de unos años, seguirán haciéndonos reír.
Al final, cuando alguien os pregunte por Malta, probablemente no habléis primero de las clases, de las excursiones o de las playas. Hablaréis de vosotros.

Y todo esto no deja de ser un pequeño resumen de algunos de los muchísimos recuerdos que nos llevamos de estas dos semanas. Seguro que se nos quedan mil anécdotas en el tintero, porque ha pasado de todo, pero creo que todos sabéis perfectamente de cuáles estamos hablando. Y, por supuesto, también hay alguna que otra historia que... mejor que se quede para siempre en Malta.
De Adriana y Ane, que encontraron un negocio donde nadie más lo veía. Mientras todos dejábamos las botellas de plástico por cualquier lado, ellas ya estaban organizando su propia empresa de reciclaje. No se les escapaba ni una. Siempre pendientes de recogerlas todas para reciclarlas y sacar algún dinerillo. Espíritu emprendedor desde el primer día.
De Ander y Urko, que consiguieron algo que todavía seguimos sin entender muy bien: que cada pocos días aparecieran misteriosamente 12 kilos de sandía. Ya era tradición. Si había una compra que nunca faltaba, era esa. Todavía nos preguntamos cómo podía desaparecer tanta sandía en tan poco tiempo.

De Lola, que sin darse cuenta acabó convirtiéndose en la auténtica madre de Juan, la mascota oficial del viaje. Aquella pequeña tortuga que nos acompañó a playas, excursiones, autobuses y fotos de grupo. Una tortuga que recibió ese nombre por Juan, uno de los miembros del staff del hotel, que consiguió ganarse el cariño de todos desde el primer día.
También nos acordaremos de Raquel, porque ser la famosa del hotel no ha sido tarea fácil. Da igual dónde estuviéramos: en el autobús siempre había alguien diciéndole "Raquel, venga, baila esta", en las excursiones le pedían grabar algún TikTok y hasta en el karaoke hubo quien la eligió como bailarina oficial mientras cantaban. Al final, acabó siendo la protagonista de un montón de momentos del viaje y estoy segura de que todos esos vídeos os sacarán una sonrisa cada vez que los volváis a ver.

Y cómo olvidarnos del famoso writing. Sí, ese que algunos tuvisteis que hacer por no llegar a la hora a la que os había citado. En ese momento seguramente no os hizo ninguna gracia, pero estoy convencida de que dentro de unos meses será otra de esas historias que recordaréis entre risas con un: "¿Te acuerdas cuando nos tocó hacer el writing?". Porque hasta esos pequeños castigos han terminado formando parte de la historia del viaje.
Y cómo olvidarnos de esa noche en Número Uno...
Creo que no hace falta explicar mucho más.
Todos sabéis perfectamente a qué me refiero.
Pero tranquilos...
Lo que pasa en Malta... se queda en Malta. ¿O no, chicos?
También nos acordaremos de los helados después de las actividades, de los granizados en Birgu, de los açaís, de los pastizzi, de las piñas convertidas en batidos, de los paddle surf, de los pedalos, de las partidas infinitas de cartas, de las búsquedas de caracolas, de las gymkhanas en las que había que encontrar un macarrón, de los autobuses donde parecía que íbamos de concierto porque no dejábamos de cantar, de los fuegos artificiales vistos desde el rooftop, de los karaokes donde sonó desde La Macarena, pasando por La Motinha, hasta canciones en euskera, y de todas esas conversaciones que solo se tienen cuando compartes dos semanas tan intensas con la misma gente.

Y, por supuesto, no podemos terminar sin recordar la última noche.
Cuando parecía que ya no podía pasar nada más, apareció Nikole protagonizando uno de los momentos más surrealistas y divertidos de todo el viaje. Allí estaba ella, con todas las luces apagadas, una única luz encendida detrás de su cabeza, oliendo absolutamente todo lo que encontraba y leyendo una por una las etiquetas de cada bote como si estuviera investigando el mayor misterio del universo. Champús, desodorantes, colonias... nada escapó a su inspección. Creo que ninguno de nosotros volverá a mirar un bote de champú sin acordarse de esa escena.
Pero, dejando a un lado todas las bromas, si hay algo que de verdad me llevo de estas dos semanas es ver vuestra evolución.
El primer día hubo nervios. Hubo silencios. Hubo quien echaba muchísimo de menos a su familia. Hubo incluso alguna lágrima de quien pensaba que dos semanas iban a hacerse eternas.
Y, sin embargo, el último día las lágrimas fueron por un motivo completamente diferente.
Porque ya no queríais volver.
Y creo que no existe mejor forma de resumir lo que ha significado este viaje.
Habéis salido de vuestra zona de confort, habéis convivido con personas que apenas conocíais, habéis hecho amigos de distintos países, habéis practicado inglés casi sin daros cuenta, habéis descubierto una cultura nueva y habéis demostrado que un grupo de personas que al principio apenas se conocía podía terminar convirtiéndose en una pequeña familia.

Como monitora solo puedo daros las gracias.
Gracias por confiar en mí desde el primer día.
Gracias por hacerme reír tantísimo.
Gracias por aguantar los madrugones, las caminatas bajo el sol, los cambios de planes cuando el tiempo no acompañaba y las mil veces que os decía: "¡Cinco minutos y abajo!"
Y, cómo no, por todos esos momentos de pasar lista, cuando cada uno tenía que responder gritando su número. Estoy segura de que más de uno seguirá acordándose del suyo durante una buena temporada... pero tranquilos, ya podéis respirar tranquilos porque no vais a tener que volver a gritar vuestro número nunca más.
Gracias por hacer que estas dos semanas hayan sido tan especiales también para mí.
Me habéis dado muchísimo más de lo que imagináis y espero, de verdad, que hayáis disfrutado de esta experiencia tanto como yo lo he hecho con vosotros.
Y, aunque el viaje termine aquí, eso no significa que desaparezca. Quiero que sepáis que, para cualquier cosa que necesitéis, aquí me vais a tener. Ya sea para pedirme un consejo, preguntarme cualquier duda, contarme algo o simplemente escribirme para saludar, estaré encantada de ayudaros en todo lo que pueda. Me hará muchísima ilusión seguir sabiendo de vosotros y ver todo lo que os queda por vivir.

Ojalá dentro de unos años alguien diga simplemente:
"¿Os acordáis de Malta?"
Y automáticamente os vengan a la cabeza Blue Lagoon, los atardeceres de Spinola Bay, La Valeta, Juan, la sandía, las botellas de Adriana y Ane, los bailes y TikToks con Raquel, el writing, la noche de Número Uno, Nikole oliendo todos los botes de la habitación y todas las personas que conocisteis durante estas dos semanas.
Porque hay viajes que se disfrutan.
Y luego están los viajes que dejan huella.
Y estoy completamente segura de que Malta 2026 será uno de esos recuerdos que, dentro de muchos años, seguirá sacándoos una sonrisa.
Ha sido un auténtico placer acompañaros en esta aventura.
No dejéis nunca de viajar, de conocer personas nuevas, de salir de vuestra zona de confort y de decir que sí a experiencias como esta. Al final, son este tipo de aventuras las que más nos hacen crecer y las que terminamos recordando toda la vida.
Gracias por dejarme formar parte de vuestro verano y, sobre todo, gracias por dejarme formar parte de vuestros recuerdos. Espero que, cada vez que alguien diga "Malta", os venga automáticamente una sonrisa.
Cuidaos muchísimo. Nos volveremos a ver.
