La última retransmisión de nuestra aventura por la verdadera capital de Irlanda… con el corazón a rebosar y la nostalgia como compañera.
¡Hola de nuevo, equipo!
Ya han pasado unos días desde nuestro regreso… y qué difícil está siendo no estar los 22 juntos. Después de dos semanas compartiendo tanto, el silencio pesa un poquito más. Nos quedan los recuerdos y una huella imborrable en el corazón de lo que, sin ninguna duda, han sido dos de las mejores semanas que viviremos nunca.
Parece que fue ayer cuando llegamos al aeropuerto con esos nervios tímidos del primer día. Nervios que duraron muy poco, porque apenas habían pasado un par de días cuando ya parecía que nos conocíamos de toda la vida. De hecho, hasta los monitores nos preguntaban si ya nos conocíamos de antes por la complicidad que había entre todos vosotros.

Han sido dos semanas de paseos, de sol y calor (quién lo iba a decir en Irlanda), de aprender inglés, pero, sobre todo, de aprender a convivir, a ser más independientes, a construir un hogar lejos de casa, a abrir la mente y a conocer personas que, espero de corazón, sigan ocupando un lugar especial en vuestra vida.
Cada día traía consigo una nueva aventura: escalada, karaoke, discotecas, tirolinas, visitas a museos, fashion shows… Pero, sin duda, lo más bonito no ha sido ninguna de esas actividades, sino haberlas vivido juntos. Ver cómo, sin daros cuenta, ibais formando una pequeña familia lejos de casa y cómo nacían amistades tan bonitas ha sido uno de los mayores regalos de este viaje.
Volvemos siendo un poquito más valientes, más independientes y con la mochila llena de aprendizajes. También con la maleta repleta de imanes, ropa sucia y algún que otro recuerdo imposible de guardar en una fotografía, porque los mejores siempre terminan quedándose para siempre en el corazón.

Para mí ha sido un auténtico privilegio acompañaros en esta aventura. Siempre os estaré agradecida por haberme hecho sentir una más del grupo desde el primer momento. Si tuviera que describiros con unas pocas palabras serían respeto, compañerismo, alegría y una energía que contagia a cualquiera. Habéis sido, sin duda, el alma y el corazón de Cork durante estas dos semanas.
Y ahora que todavía queda verano por delante, espero que sigáis disfrutando con la misma ilusión con la que habéis vivido esta experiencia. Pero también estoy segura de que, en más de una ocasión, mientras miráis las fotos o recordáis alguna anécdota imposible de explicar a quien no la vivió, volveréis por un instante a estas calles, a estas risas y a todo lo que hemos compartido. Porque hay viajes que terminan cuando aterriza el avión… y otros que se quedan para siempre con nosotros. Este, sin duda, ha sido de los segundos.

Eskerrik asko, equipo. Gracias por haberlo dado todo, por vuestra confianza, por vuestra ilusión, por hacer las cosas tan fáciles y por convertir esta experiencia en algo que nunca olvidaré. Ha sido un auténtico regalo compartir este viaje con vosotros.
Nos vemos pronto en Bilbo, en Donosti o… ¿quién sabe? ¿Alguien se apunta a la siguiente aventura?
Hasta entonces, recordad que siempre me tendréis a un mensaje de distancia.
Un abrazo enorme y muchísimas gracias de corazón.
Itzelak zarete, talde.
Cris
