Segunda semana Malta 2026

Malta 2026: ¡Aprovechando hasta el último minuto!

¡Hola de nuevo desde Malta!

Parece mentira, pero ya estamos entrando en la recta final de esta aventura. Si algo tenemos claro es que aquí no existe eso de aburrirse. Cada día está siendo diferente al anterior y el grupo sigue aprovechando cada momento como si fuera el primero.

Lo más bonito de estas semanas no han sido solo las playas, las excursiones o las actividades, sino ver cómo ha evolucionado el grupo. El primer día todavía había nervios, caras de incertidumbre e incluso alguna lágrima de quienes echaban muchísimo de menos a su familia. Sin embargo, ahora la situación es completamente distinta. De hecho, más de uno ya dice que no quiere que el viaje termine y que ojalá pudiéramos quedarnos una semana más. Y eso, al final, es la mejor señal de que están disfrutando al máximo de esta experiencia.

Entre clases, playas, compras, fiestas, piscinas y muchísimas risas, han creado amistades muy bonitas, tanto entre ellos como con estudiantes de otros países. Da gusto ver cómo hablan con italianos, polacos y otros compañeros internacionales con total naturalidad, algo que hace apenas una semana parecía impensable.

Aunque el regreso empieza a asomarse en el calendario, todavía quedan momentos por disfrutar y muchas anécdotas que sumar. Mientras tanto, os dejamos con un resumen de todo lo que hemos vivido estos últimos días...

Martes – Compras, historia y una noche mágica en Mdina

El martes comenzó como ya es habitual. Después del desayuno, nos dirigimos todos juntos a la escuela para empezar las clases a las 8:45. A las 10:00 llegó el esperado descanso de quince minutos, un momento que ya se ha convertido en parte de la rutina. Los chicos suelen reunirse en la recepción para comentar cómo va la mañana, ponerse al día con los amigos que han hecho estos días, picar algo, jugar al air hockey y aprovechar para descansar un poco antes de volver al aula.

A las 10:15 retomaron las clases hasta las 12:00. Al terminar, recogieron el packed lunch. Algunos prefieren comérselo tranquilamente en la escuela, mientras que otros aprovechan para llevárselo a la excursión y comer al aire libre.

Esa tarde nos dirigimos al Shoreline Mall, uno de los centros comerciales más modernos de Malta. Allí tuvieron unas horas para recorrer las tiendas con calma y disfrutar de un plan un poco diferente. Algunos aprovecharon para comprarse algún outfit nuevo para los últimos días del viaje, otros buscaron recuerdos y regalos para llevar a casa y, por supuesto, tampoco faltaron quienes se dejaron tentar por alguna tienda de comida o simplemente disfrutaron paseando con sus amigos.

Después de regresar al hotel y descansar un rato, llegó una de las actividades favoritas de estas semanas: la visita nocturna a Mdina.

Conocida como la Ciudad del Silencio, Mdina fue la antigua capital de Malta y conserva un encanto muy especial cuando cae la noche. Paseamos por sus calles empedradas mientras nuestra guía nos iba contando algunas de las historias y leyendas más curiosas de la ciudad. Entre ellas, la famosa historia de la dama que, según cuentan, continúa paseando por algunas calles de Mdina... aunque ya no conserve su cabeza. Como podéis imaginar, la historia despertó la curiosidad de todos y consiguió sacar más de una sonrisa.

También descubrimos algunos de los edificios más emblemáticos de la ciudad y las esculturas que custodian la entrada principal, testigos de siglos de historia dentro de una de las ciudades medievales mejor conservadas de Europa.

Después de la visita guiada tuvieron un rato de tiempo libre para pasear, hacerse fotos, grabar algún TikTok y, cómo no, disfrutar de un helado antes de regresar al hotel.

Sobre las 23:00 volvimos al hotel. Fue otra de esas noches en las que historia, diversión y buen ambiente se mezclaron para seguir creando recuerdos que seguro se llevarán de vuelta a casa.


Miércoles – Golden Bay, muchas risas... y una última pool party

 

El miércoles comenzó igual que los anteriores. Desayuno, clases de inglés desde las 8:45 hasta las 12:00 y el ya tradicional descanso de quince minutos para desconectar un poco, hablar con los amigos y cargar energías antes de la última parte de la mañana.

Al terminar las clases, recogimos el packed lunch y pusimos rumbo a Golden Bay, una de las playas más conocidas de Malta y el lugar perfecto para disfrutar del buen tiempo.

 

Pero esta vez no era una tarde de playa cualquiera. Muchos decidieron alquilar paddle surf, mientras que otros optaron por los pedalos, convirtiendo la tarde en una auténtica competición de risas.

Hubo carreras, chapuzones, saltos al agua desde los pedalos y hasta quien aprovechó para tumbarse tranquilamente al sol mientras el resto remaba. Entre unos y otros, no faltaron las bromas ni los intentos de tirar a algún compañero al agua.

La playa también nos tenía preparada una visita muy especial. Allí había varios loros con los que muchos quisieron hacerles fotos, añadiendo un recuerdo todavía más curioso a un día que ya estaba siendo inolvidable.

Después de regresar al hotel y descansar un poco, llegó el momento de despedirnos por todo lo alto de las fiestas internacionales.

Esa noche participamos en una Pool Party organizada en otro de los hoteles donde se alojaban estudiantes de la escuela. Allí coincidimos con muchos grupos, especialmente con estudiantes italianos, con quienes nuestros chicos ya habían hecho actividades durante estas semanas.

Entre música, piscina, pizzas, helados y muchísimo ambiente, la noche pasó rapidísimo. Ver a todos disfrutando juntos, mezclándose con estudiantes de otros países y aprovechando cada minuto fue la mejor forma de cerrar otro día más en Malta.

Al regresar al hotel, cada uno terminó la noche a su manera. Algunos organizaron una pequeña sesión de skincare, otros prefirieron echar una última partida de cartas y algunos cayeron rendidos nada más llegar a la habitación.


Jueves – Riviera Bay, últimos recuerdos y una noche especial en La Valeta

 

El jueves comenzó con la rutina de estos últimos días. Después de desayunar, nos dirigimos a la escuela para asistir a las clases de inglés de 8:45 a 12:00, con el ya habitual descanso de quince minutos a media mañana para desconectar un poco, hablar con los amigos y recargar energías antes de continuar.

Al terminar las clases y recoger el packed lunch, por fin pudimos hacer una de las excursiones que teníamos pendientes desde la semana anterior. Nuestro destino fue Riviera Bay, una playa que estaba programada en el calendario pero que tuvimos que aplazar porque aquel día el mar estaba demasiado revuelto y ondeaba la bandera roja.

Esta vez sí nos acompañó el buen tiempo y pudimos disfrutar de una de las playas más bonitas de Malta. Riviera Bay, también conocida como Għajn Tuffieħa, está rodeada de acantilados y ofrece unas vistas espectaculares del Mediterráneo, por lo que no faltaron las fotos desde el primer momento.

Aunque había bastantes algas en la orilla, eso no impidió que el grupo disfrutara muchísimo de la tarde. Hubo baños, muchas conversaciones bajo el sol y algún que otro momento para relajarse contemplando el mar. Además, todos eran conscientes de que era el último día de playa del viaje, así que intentaron aprovechar cada minuto.

 

Después regresamos al hotel y llegó el momento de hacer las últimas compras. Muchos aprovecharon para recorrer una vez más las tiendas de Sliema en busca de los últimos souvenirs y regalos para la familia, mientras que otros terminaron de comprar algún recuerdo que querían llevarse de Malta.

Tras la cena nos esperaba la última actividad nocturna del viaje: una noche en La Valeta.

Durante aproximadamente dos horas tuvieron tiempo libre para disfrutar de la capital a su ritmo. Algunos aprovecharon para cenar en alguno de los restaurantes del centro, otros se dieron el último capricho con un helado y, como no podía ser de otra manera, hubo quien dedicó buena parte del tiempo a hacerse muchísimas fotos para llevarse un recuerdo de una ciudad que tanto les había gustado desde el primer día. Incluso algunos volvieron a encontrarse con los simpáticos loros que ya habían visto en otra de las excursiones y no dudaron en inmortalizar el momento.

 

Se respiraba un ambiente muy especial. Entre paseo y paseo ya empezaban a aparecer las típicas conversaciones de final de viaje. Lo que más se escuchaba ya no era "tengo ganas de llegar", sino todo lo contrario. Muchos comentaban que no querían volver todavía, que se quedarían unos cuantos días más en Malta y que el tiempo había pasado muchísimo más rápido de lo que imaginaban.

 

Y es que, cuando un viaje está lleno de nuevas amistades, experiencias y recuerdos tan bonitos como estos, cuesta mucho asumir que el final está cada vez más cerca.

Marta. 

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